En la década de 1930, antes de la segunda guerra mundial, el gobierno de Estados Unidos recaudaba anualmente en impuestos alrededor de 1.000 millones de dólares. Los impuestos se pagaban a año vencido, es decir, los de un año se recaudaban durante el año siguiente.
En 1939 la población total de los Estados Unidos superaba los 130 millones y el número de personas que presentaron impuestos fue de 4 millones, sólo estaban consiguiente recaudar impuestos del 3% de la población. Algo fallaba.
El gobierno confiaba en que los ciudadanos reservarían cada mes una parte de sus ingresos para pagar sus impuestos, pero no contaban con que la mente humana no funciona así. Nuestra mente no está preparada para ponernos límites cuando hay abundancia.
Dos millones de años de evolución como cazadores-recolectores han grabado en nuestros genes que debemos consumir los recursos cuando los tenemos, porque no sabemos cuándo los volveremos a encontrar. Si tenemos comida, comeremos (por eso se nos da tan mal hacer dieta). Si tenemos dinero, lo gastaremos (por eso se nos da tan mal ahorrar).
Y entonces empezó la guerra. El gasto público del gobierno norteamericano se disparó y los impuestos no eran suficientes para cubrir los elevados costes de la guerra. El gobierno tenía que encontrar una forma de recaudar más impuestos.
Y se les ocurrió que la mejor forma de ayudar a los ciudadanos a planificarse es que el dinero destinado a impuestos nunca pasara por sus manos. El gobierno norteamericano decidió ser el primero en cobrar y así nació la retención automática impuestos.
Los resultados fueron asombrosos. En 1945 el gobierno recaudó más de 19.000 millones de dólares y el número de personas que presentaron impuestos ascendió a más de 50 millones.
Págate a ti primero
El secreto para crear riqueza a largo plazo es aplicar en tu vida lo mismo que hizo el gobierno americano: págate a ti primero.
La mayoría de la gente cuando recibe sus ingresos mensuales paga primero a todos los demás y ¡se deja a ellos mismos para el final!
Pagamos primero la hipoteca, las facturas de la luz, las suscripciones, la compra… y al final de mes, con lo que sobra pensamos en cuánto pagarnos a nosotros mismos. Estamos tan acostumbrados a ponernos en último lugar, que muchas veces incluso gastamos ese sobrante en cosas superfluas antes que en nosotros: «…total para lo poco que me ha sobrado…»
Pagarte a ti primero es transferir una parte de tus ingresos mensuales a tu yo del futuro. Y es hacerlo en primer lugar, ponerte a ti por delante. Es probablemente el mejor regalo que puedes hacerte. Parece evidente. Pero es muy poco común.
Cuando empiezas a pagarte a ti primero:
Tu ahorro se dispara sin que te des cuenta
Sé ambicioso, intenta duplicar tu ahorro actual y verás que pagándote a ti primero lo conseguirás fácilmente. Si antes ahorrabas una media de 100 € al mes, empieza a pagarte 200 € al principio de cada mes.
Cuando veas que es fácil y que no pierdes calidad de vida ni felicidad por el camino (probablemente incluso te sentirás más feliz y orgulloso de ti), aumenta la cantidad que te pagas a ti mismo. Ve aumentándola progresivamente y descubrirás que tu potencial de ahorro es mucho mayor de lo que pensabas.
Olvidas para siempre los presupuestos
Pagarte a ti primero es la mejor forma de no tener que volver a preocuparte por ceñirte a un presupuesto, ni por controlar tus gastos. No puedes gastar lo que no está en tu bolsillo.
Controlarás tus gastos de forma automática y te ahorrarás el trabajo de preocuparte por apretados presupuestos.
Gastas en lo que realmente te hace feliz
El dinero es un medio, sirve para facilitar tu vida y debes usarlo. Gastar es bueno, el problema es que se nos da bastante mal distinguir los gastos que aportarán a nuestra felicidad a largo plazo, de los que no.
Pagarte a ti primero te ayuda a elegir mejor las cosas que realmente te hacen feliz.
Divide lo que te pagas a principio de mes en varias bolsas que estén alineadas con lo que más valoras. Por ejemplo haz una bolsa para tu futura casa, otra para el colegio de tus hijos y otra para una reducción de jornada en tu trabajo que te más tiempo para tu familiar o tus hobbies.
Con ese dinero ya pagado te será imposible gastártelo en ropa, un gintonic más en la cena con tus amigos o en cualquiera de esas otras cosas que sabes que no son tu prioridad.
Tu ahorro empieza a tener sentido
Cuando empecé a ganar dinero, ganaba poco, me pagaba el último y apenas conseguía ahorrar. Y como ahorraba poco, no le veía sentido a hacerlo. ¿Para qué me sirven 50 €/mes? Y como consecuencia cada vez ahorraba menos.
Entonces empecé a pagarme a mí primero y descubrí que podía ahorrar más de 200 €/mes con facilidad. Ya era una buena cantidad y comencé a verle sentido. Eso me motivó y me hizo aumentar todavía más mi ahorro.
Sólo conseguimos en nuestra vida aquello motivado por un propósito. El propósito nos da la fuerza y, curiosamente, nos hace disfrutar el camino.
Ocurre cuando te entrenas para una carrera, cuando mejoras tu alimentación porque te das cuenta de que así te sientes mejor y tienes más energía o cuando empiezas un proyecto personal porque te motiva ayudar a los demás.
Aprovechas la fuerza del interés compuesto
La economía mundial crece a un ritmo de aproximadamente un 5% anual por encima de la inflación. Crece a hombros de las empresas, que generan la mayoría de bienes y servicios que consumimos. Y para crecer, las empresas necesitan inversión.
Un euro invertido en empresas de todo el mundo en 1900, con un crecimiento anual del 5%, habría generado en 2020 una cantidad de 350€ por encima de la inflación.
Si inviertes diversificadamente y con bajos costes una parte del dinero que te pagas a ti mismo a principio de mes y lo dejas generar beneficios durante suficientes años, te sorprenderá la fuerza del interés compuesto.
Se te abrirá un mundo nuevo de posibilidades. Podrás, por ejemplo crear una bolsa de libertad financiera, que te permitirá vivir de tus ahorros en el futuro sin depender de una jubilación.
En resumen, ponte a ti primero, sé el primero en cobrar. Una acción pequeña que tendrá un impacto enorme en tu vida.